Nuestra historia

A partir del 2007, Estados Unidos enfrentó la crisis financiera más grave desde la Gran Depresión. Millones de estadounidenses vieron caer el valor de sus casas, hundirse sus ahorros, perderse sus puestos de trabajo y perderse el financiamiento de sus pequeños negocios. Era difícil obtener crédito y un sinnúmero de préstamos de consumo – muchos mal hechos, para empezar – entrarón en mora. Hoy en día, todavía estamos en proceso de recuperación.

Durante muchas décadas, el aumento de los salarios y de los ahorros significaba que las familias estadounidenses tendían a llevar sólo modestas cantidades de deuda. Pero el estancamiento de los salarios que se inició en la década de 1970, combinado con el aumento de los gastos para el cuidado de la salud, la vivienda, el transporte, el cuidado infantil y los impuestos, llevó a más familias a endeudarse. Al mismo tiempo, los hogares registraron un aumento significativo en el acceso al crédito y desaparecieron muchas de las antiguas normas que regulaban el crédito. En la década de 2000, hubo fallas generalizadas en la protección del consumidor y crecimiento rápido en las prácticas irresponsables de préstamos. Muchos prestamistas se aprovecharon de las brechas en el sistema de protección del consumidor mediante la venta de hipotecas y otros productos que se complicaron demasiado.

Esto dejó a muchos estadounidenses con préstamos que no acabaron de entender y no pudieron pagar. Aunque algunos prestatarios a sabiendas asumieron demasiadas deudas, millones de estadounidenses que se comportaron responsablemente fueron atraídos también hacia préstamos impagables con promesas engañosas de pagos bajos. Los prestamistas honestos que resistieron la presión de vender productos complicados tuvieron que competir con sus competidores menos responsables.

Incluso aquellos que evitaron las tentaciones de crédito excesivamente arriesgado quedaron atrapados en su red. Los que nunca sacaron una hipoteca impagable sin embargo vieron el valor de sus casas desplomarse cuando los vecinos perdieron sus casas en ejecuciones hipotecarias. Los que utilizaron tarjetas de crédito y líneas de crédito hipotecario responsablemente vieron aumentos generales en las tasas de interés de las tarjetas de crédito y la contracción de las líneas de crédito pendientes.

Y los que habían ahorrado regularmente vieron sus fondos de jubilación perder valor significativo y sus ciudades y estados redujeron los servicios para compensar las pérdidas de ingresos propios.

Los costos de los préstamos irresponsables fueron sufragados por decenas de millones de familias estadounidenses.

En junio del 2009, el presidente Obama propuso mejorar las deficiencias de protección de los consumidores mediante el establecimiento de un nuevo organismo financiero que se centrara directamente en los consumidores, en lugar de la seguridad y la solidez bancaria o la política monetaria. Este nuevo organismo aumentaría la responsabilidad del gobierno mediante la consolidación de las responsabilidades que habían sido descentralizadas.

La agencia también supervisaría y haría cumplir las leyes federales de protección al consumidor para los proveedores de productos y servicios financieros que escapaban a la supervisión federal regular. Esta agencia protegería a las familias de las prácticas financieras injustas, engañosas, y abusivas.

El Presidente instó al Congreso a dar a la agencia de protección del consumidoro las mismas responsabilidad e independencia que poseen las otras agencias bancarias y fondos suficientes para que pueda garantizar que las poderosas empresas financieras cumplan con las leyes de protección al consumidor.

En julio de 2010, el Congreso aprobó y el presidente Obama firmó la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor. La ley creó el CFPB (la Oficina para la Protección Financiera del Consumidor). El CFPB consolida la mayor autoridad federal de protección financiera al consumidor en un solo lugar. El servicio al consumidor se centra en un objetivo: vigilar el mercado de productos y servicios financiero en beneficio de los consumidores estadounidenses.